Sólo la ayuda del cielo pudo detener el incendio que ya había arrasado con unas 50.000 hectáreas de Córdoba, en el medio de Argentina. Con frentes de 20 kmts, su importancia opacaba otros fuegos que también incineraban 5.000 hectáreas forestales en el Chaco y otras 600 en la provincia de Corrientes. Y todo esto, mientras seguimos en invierno.
En Buenos Aires la noticia no parece haber ameritado mayor alharaca, a diferencia de los tiempos en que los porteños debían respirar humo. Tiempos cercanos en que un debate impositivo bipolarizado intentaba tapar temas de fondo que siguen sin ser resueltos. Pronto vimos arder(NASA mediante) extensiones mayores de bosques nativos. Y todo esto, mientras seguimos en invierno.
La selva paranaense que alguna vez contactó las Yungas con el Atlántico, ahora se limita a nuestra provincia de Misiones, que los satélites muestran bien verde junto a sus sobreexplotados países limítrofes. Pero no hay de qué enorgullecerse cuando las imágenes la muestran ahora en llamas, así como al Impenetrable chaqueño ya penetrado, las verdes riberas del Paraná y los humedales correntinos perdiendo su riqueza única en flora y fauna, tierras aborígenes nuevamente invadidas, y hasta la vastedad del futuro desierto paraguayo. Y todo esto, mientras seguimos en invierno.
La semana pasada, la casilla de correos del jefe de Gabinete argentino colapsó con 50.000 mails de compatriotas que reclaman la reglamentación de la Ley de Bosques, para cuyo tratamiento en nuestro Congreso hicieron falta tiempo atrás un millón y medio de firmas (recolectadas por organismos no gubernamentales) pero que aún el Ejecutivo no pone en ejecución. El timón que debe dar el giro de las tragedias actuales y futuras para llegar a buen puerto, está en nuestras manos. De los muertos del Pasado -como dijo un rabino hace dos mil años- que se ocupen los demás muertos.
Para la Naturaleza, todos los días son 11 de setiembre...
.
Y mientras, Todo esto seguirá... en infierno.



