- Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos hacia la estrella de aquella otra madre mayor, y cómo los recogía del polvo, teñidos, para enterrarlos debajo de su corazón.
- Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo... siempre a la sombra, y llenando un espacio vital.
- Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos¹ de la melena invencible de aquel alemán.
- Me estremeció la muchacha, hija de aquél feroz continente, que se marchó de su casa para otra, de toda la gente.
- Me estremeció la mujer que parió once hijos en el tiempo de la harina y un kilo de pan, y los miró endurecerse mascando carijos².
- Me estremeció porque era mi abuela, además...
- Me estremecieron mujeres que la historia anotó entre laureles, y otras desconocidas, gigantes que no hay libro que las aguante.
- Me han estremecido un montón de mujeres: mujeres de fuego, mujeres de nieve...
lo que a mí más me ha estremecido son tus ojitos, mi hija.
Son tus ojitos divinos.








