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lunes, 20 de septiembre de 2010

Juan Bautista Alberdi

Nace en 1810 como el país y en Tucumán como la independencia. Siempre seducido por la idea de ver las cosas desde la otra vereda, deja el colegio para trabajar en un negocio de enfrente, y desde allí lo retoma más adelante. Multifacético, mientras se recibe de jurista, compone música clásica. Luego se une al Salón Literario de Marcos Sastre y Esteban Echeverría, vinculándose a la llamada generación del '37, año en que publica un trabajo de Derecho con el que funda el historicismo jurídico nacional al tiempo que lanza un periódico sobre moda. Sí. Tiene 27 años.
De ideas democráticas cuando el país se desangra entre unitarios y federales, propone un sistema superador y constitucionalista. En consecuencia, debe huir del régimen rosista, y también fracasa en acercar sus ideas a Lavalle del otro lado del río. Con Montevideo tomada, ya no será el charco lo que cruce sino el océano: escapará disfrazado de marinero francés, para conocer en París a San Martín. Antes de irse, deja escritas dos obras de teatro.
En breve, lo tenemos del otro lado de la cordillera, presentando una tesis doctoral donde propone un Congreso General Americano que a través de una unión aduanera promueva la integración continental: algo así como una protoidea de Mercosur. Allí en Chile conoce a Sarmiento, con quien luego polemizaría. Mientras tanto, al ser derrotado Rosas por otro federal (el entrerriano Urquiza), Alberdi escribe en un par de semanas las Bases para la organización política argentina, el borrador de nuestra Constitución de 1853.
El nuevo gobierno le ofrece el Ministerio de Hacienda, pero lo rechaza, prefiriendo la tarea diplomática de ir al viejo mundo del "divide y reinarás" para convencerlos de que reconozcan a la Confederación pero no a Buenos Aires, que se escindió bajo el mando de Mitre. Lo logra, pero los porteños derrotan a Urquiza en la batalla de Pavón y -obviamente- retiran a Alberdi de la función pública. Sigue en Europa para ver de lejos cómo el presidente Mitre acompaña al Imperio del Brasil en su aniquilamiento de más de un millón de paraguayos, incluyendo a toda la población masculina. La Triple Alianza es denunciada por Alberdi desde su libro "El crimen de la guerra", y él en consecuencia es acusado por los vencedores de ser traidor a la patria.
Pese a ello, en 1878 regresa al país porque su provincia lo vota como diputado. Y será cesanteado de este cargo por el gobierno, cuando Buenos Aires se declare capital de la República. Así llegamos a que, mientras la Universidad le da un título de doctor honoris causa y en el Senado deciden editar sus obras completas, Mitre lo siga atacando desde su diario La Nación, evitando que obtenga algún cargo público e impulsándolo hacia su último exilio, para morir en Francia, del otro lado del océano.
De este año del Bicentenario, quiero recordar que también fue el suyo, y el de todos los países que pudimos ser.

6 comentarios:

Pablo (yo) dijo...

Cuántos países que pudimos haber sido....
¿Siempre va a terminar imponiéndose la pero alternativa?

OPin dijo...

Pobre, si viviera hoy se moriría...

diosesargentino JULIANO dijo...

Muy bueno, felicitaciones. Alberdi es la imagen de lo que no tenemos.

CGL dijo...

Un prócer, con todas las letras; además de haber sido un pensador admirable...

Y pensar que desde el Kirchnerismo se lo ha querido comparar mas de una vez con el Che Guevara...

Pero asi es este país. Cuantos grandes proceres de la patria han muerto en el exilio, y/o en el olvido!

Quizas algún día veamos un país parecido al que él soño...

Nick dijo...

Muy buena mini-biografía. Supongo que te enteraste que reeditaron muchas de sus obras, aunque todavía no las vi en ninguna librería...

unServidor dijo...

No me parece mal que sea reivindicado por el gobierno, aunque sólo fuera desde lo discursivo. Tal vez les gustó que sea un prócer enfrentado a Mitre, cuya guerra al Paraguay tuvo la oposición tanto de Alberdi como de José Hernández, autor del Martín Fierro. (Ver nota de Felipe Pigna).
Los homenajes siempre son después de muertos, y ahí se prenden todos. También el gobierno de la Ciudad le rindió el suyo con varias actividades. Tampoco está mal.
Si se lo reedita, bienvenido sea. Yo tengo un interesante libro suyo llamado "La monarquía como mejor forma del gobierno en Sudamérica" (curiosamente, posterior a las Bases...)
Un pensador honesto siempre a la búsqueda.